Placer licuante
Fecha Saturday, 05 July a las 00:18:34
Tema Cuentos, Relatos, Literatura




- Lilith, vamos a la piscina. El agua debe estar fresca
- Ahora mismo. En un segundo me cambio


En la habitación, nos desnudamos. Me puse el típico bañador de flores. En cambio ella se había comprado un modelito tentador de Versace. Se deslizó despacio la tanga violeta por las piernas.

Cuando ya se la había colocado se agachó hacia el suelo, elevando el culo hacia mi cara. Todavía persistían los aromas de las texturas nuevas. “¿Me queda bien” dijo. “Perfectamente” repliqué, mientras notaba que el sexo se me incrustaba en el bañador. Cogí el sujetador, le besé los pezones y se lo enganché.
Enfilamos por el camino de gravilla hacia la piscina. Ésta iba a ser buena. Saludamos con gesto torcido a los grupos de viejos y a los jugadores de tute. Algunos chavales corrían inquietos por el césped. Nos sentamos en un apartado y entonces comenzó la explosión. Lilith se quitó el shari y comenzó a untarse crema por los senos. Los viejos olvidaron que pintaba en copas y giraron sus cabezas como búhos alucinados. Por las terrazas, hombres y mujeres se asomaron con cara pasmada. La socorrista elevó un instante la vista y luego continuó con el crucigrama. De repente, Lilith saltó de la toalla, “vamos a refrescarnos, Jean, venga vamos...” y a grandes zancadas recorrió la distancia hasta el borde. Miré alrededor y vi sus senos bamboleantes reflejados en las pupilas de todos los espectadores. Sí, allí estaba ella avanzando como un proyectil de sexo lubricado; su danza loca bañaba las aguas de fuerza lunar; apenas unos metros y el universo entero se había detenido. Todo fluyendo en unos milímetros de crema reluciente que destruían las montañas, las sombrillas, los pájaros, chalets, bocas de riego, contraventanas, barandillas, revistas. Todo sumido en un ritual ascendente y descendente al ritmo contoneante de las anguilas. Todo disipado, destruido, descarnado, putrefacto por un fuego desnudo que devora con ansias de Behemoth. Todo naciente en las tetas de Lilith como cuernos de rinoceronte. Todo minado por su andar de ave rapaz al paso de las bestias, clases y razas. Todo cantando al son de las flautas encantadas y cayendo a raudales por cataratas. Todo percutido en lluvias siderales que se estrellan en las cabezas ígneas. Todo escindido de raíz por el gusano alegre juvenil de la exquisita ruptura de la muerte con la vida.


Al rato la piscina se vació y ella vino al igual que un tiburón hambriento tras un rastro de sangre. Me dio varias vueltas y huyó con gesto goloso. Yo era el pececillo perdido en la inmensidad y tenía que caer en la trampa, así que enfilé directo. Nada más llegar me atrapó con fuerza por el cuello y deslizó su lengua por mi boca. En un movimiento rápido me desprendí del bañador. Entonces empecé a sobarle la entrepierna. Parecíamos dos salmones en celo, dos icebergs derritiéndose a la deriva. Oía el agua, oía las burbujas que ascendían, oía el ruido lejano de la depuradora removiendo los filtros. Era como si me estuviese corriendo con el océano entero. De repente, surgió de las aguas, la arrastré hasta una escalera y despacio fui deslizando mi sexo hacia dentro. Cada vez que sentía su presencia allí, cuando retornaba de la flotación y el cuerpo explotaba en su esplendor, le tiraba un viaje a ella de propina y, feroz como un tiburón blanco, me respondía, divertida, como si entendiera lo que yo quería decir con ese lenguaje de mete y saca.. “¡Fóllame, Jean, fóllame con amor!”. Aquello fue el detonante; incrementé el ritmo; las olas en derredor se retorcían con gusto. Cerré los ojos y me vi nadando por el líquido amniótico buscando el origen del sol y las estrellas, luego el rocío centelleante de éxtasis, fugitivos en pleno vuelo, un millón de relojes pelando las cascaras del tiempo y de un golpe bestial caí otra vez en la piscina y allí estaba saliendo y entrando de Lilith, “¡fóllame, Jean, fóllame con amor!” y algo extraño culebreaba por la espina dorsal porque sentí cómo venía un largo chorro, cómo recorría todos los nervios del cuerpo liberando una explosión de energía y cómo finalmente esa energía se concentraba en un punto, reverberaba, titilaba, resonaba, volaba para acudir a nosotros en forma de desvanecimiento.






Este artículo proviene de ARTNOVELA Portal de Cultura
https://www.artnovela.com.ar/

La dirección de esta noticia es:
https://www.artnovela.com.ar//modules.php?name=News&file=article&sid=994