Sobre el viento en la noche (Memorias del grumete de Piri Reis)
Fecha Thursday, 27 February a las 14:40:07
Tema Cuentos, Relatos, Literatura




Unos malditos mapas envueltos en piel de gacela, un extraño artefacto de navegación aérea, un piloto muy irascible, timoneles muy hermosos y el Almirante turco. Esos son mis recuerdos, esas son mis cicatrices. ¿Las quieren? Se las lego, se las obsequio para que traten de comprender.



Ahora, solo una pequeña brisa bajo el sol del atardecer en nuestros rostros pues nuestro navío se desplaza sobre corrientes de aire, de viento y entonces no opone resistencia y el rozamiento de pequeños componentes como nosotros, es mínimo, pues las grandes velas soportan la carga de invisible propulsante. Somos volátiles, somos gráciles, somos los dueños de los movimientos en el cielo. Nuestros timoneles cimbrean sus bronceados brazos al variar de tanto en tanto el errático rumbo que va corrigiendo a gritos el Almirante. Desciendo entre los mástiles mayores, por la pasarela de madera suave y cálida, me detengo por la voluntad única de mi cuerpo y observo: hay levedad a todo nuestro alrededor, hay sensación de oquedad, hay carencia de paredes; la costa del continente se desliza bajo nosotros, se aparta, se aproxima, nos saluda o nos despide en caprichosos recovecos.

Los timoneles son hermosos, son perfectos, despiertan nuestro hedonismo; el uno es de marfil, el otro es de puro ébano. Su desnudez fascina, atrae, sus músculos son largos y fibrosos, de movimientos amplios; cada brazo se suelda a las lisas y gruesas palancas solidarias de los timones gemelos: gigantescas colas de peces abismales y desconocidos de resistencia asombrosa, de colores nunca vistos. Los timoneles son mudos de nacimiento, su raza es así, callada y sombría, bella y enigmática, sensual pero poderosa; su silencio es adecuado para el gobierno del navío, su obediencia es un animal fiel que no podemos olvidar. No los he visto dormir, creo que no lo necesitan; yo mismo los he buscado en mis noches intranquilas y los he encontrado, recortadas sus siluetas contra las estrellas, con sus hermosos ojos abiertos y sus nudillos flexionados sobre las timoneras, yo los he buscado y he hallado su indiferencia de siglos hacia la raza que los ama y aún así los esclavizó.

Entre los mástiles menores se encuentren las velas direccionales, delgados triángulos curvos que nos dan la evidencia de la existencia de una geometría aún más compleja que solo nuestro piloto comprende; entre ese bosque pulido y rectilíneo el Almirante discute, maldice, calcula y corrige, compara y dibuja. El piloto ya ha perdido todo respeto ante este itinerario loco de su navío y de sus ojos escapan rayos de furia incontrolable; el Almirante turco no escucha, no extiende su entendimiento más allá de sus preciosos mapas, sus valiosos retazos de cuero que el piloto mira con sorna, con sarcasmo, ya que ha su juicio son innecesarios pero el gran hombre los desea los necesita y por ello el alto precio pagado por este viaje fantástico. Sigo caminando hacia la proa del navío, pues anochece y debo arrojar las anclas para pernoctar aquí en las márgenes de un continente que no conozco, una porción enorme de tierra, de la cual al Almirante solo le interesan sus costas. Marino loco.

La discusión en el puente de mando ha cesado y ahora lo que comenzamos a apreciar es el viento que se lleva las palabras, que se adueña de los espacios y lo atraviesa todo desde babor a estribor. El viento, que comienza ha ser nocturno absorbiendo toda la negrura y el frío del mar.

Hay alguien deslizándose detrás en la oscuridad, atisbo un revolotear de vestidos de seda y oro y el Almirante se halla en la pasarela junto a mí; principia a hablar, pero para otros hombres, pues somos muy pequeños para su impresionante altivez y sus hechos heroicos. Habla a los hombres de su raza, a los que están allá lejos, en otro continente, a los que no escuchan, hermanos cargados de sueños pero carentes de fe en la fuerza de un navío aéreo de seres extraños y paganos.

El Almirante comienza su discurso mientras sus cabellos revolotean bajo un sombrero gigantesco y sus ropajes rozan las puntas de mis sandalias de cuero. Me estremezco, no de frío, no de penas, solo de lluvias que no concibo ni entiendo.

" Durante el día demasiados detalles acaparan nuestra atención y nos distraen del verdadero significado del viento. El movimiento de las hojas caducas en el suelo, el flirteo de los cabellos amados en un atardecer de romance y fuego, el entrecerrar de los ojos de un anciano que recuerda otras brisas ya lejanas, el deslizar silencioso de nubes tardías que no volverán; todo ello aleja de nuestra piel la caricia de ese dios de pequeños dedos pero fuerza de gigante en el cielo.

Nos son muy necesarias esas sensaciones que beben del manantial de nuestros cansancios; involucrándonos en un deseo de objetos y personas que requieren de nuestras palabras, gestos, besos y depositan en nosotros esa obligación de brindar amor por sobre todas las cosas y olvidar por un momento nuestro antiguo origen solitario.

Pero, es durante la noche, cuando el gris y las penumbras esconden la partitura del mundo a ese coloso de mares que es el alma del hombre, cuando caminar solo se limita a escuchar nuestros pasos y nuestra senda tiene fronteras infinitas hacia el negro de mares vacíos e islas desnudas, cuando el besar los labios de esa mujer-niña que tanto amamos se nos entrega, toda la humedad sin pausas y la calidez de su cuerpo al tocarlo sin verlo puesto que está allí muy cerca, entonces si, entonces percibimos el viento con la fuerza que la noria de la vida anhela, quitándonos ese perfume de nuestros sueños como un legado a los duendes de la posteridad.

Miles de elfos bailan en nuestros rostros y en nuestros miembros, se deslizan tanteando suavemente las nervaduras dormidas que algún día nos harán viejos y provocarán dolor pues son hijas del recuerdo sin importarles ser lágrima o sonrisa. Murmuran los elfos en nuestros oídos y nos cuentan historias de furiosos dragones olvidados y flores acunadas en altares de sacrificios a dioses desconocidos y paganos.

No es tristeza decir entonces a un rostro de mujer, a mejillas arrebatadas por la llama del amor, que el cielo no es azul, es negro, que el día tal como lo conocemos es una ilusi6n y la noche es temeridad es viento.

Sí, así es, todo esto es el viento, camino trazado sobre todo un universo, limitado solo por otro gigante que es la montaña, tras la cual se esconden los hombres que temen y no comprenden la extraña fuerza ni sus pequeños pasos que se olvidaron del tiempo. Olvidaron el día en que las espades dejaron de ser de piedras y una luz enunció la voz de los objetos haciéndose iniciadora de un misterio, y también de un antiguo cántico de guerreros, desde hogueras apagadas por el viento, que derivo sobre un mundo y se hizo su dueño".

Es ahora, con el navío anclado sobre el mar, cuando el viento se adueña completamente de todo intersticio de la noche. Ya el Almirante no se encuentra a mi lado, se ha deslizado hacia popa sin siquiera haberme dirigido una mirada; solo dejando en la sal de los maderos la tristeza de su sombra. Es ahora, cuando todo es negro y ese todo se mece alrededor de la cuerda infinita que nos une al mundo, ese mundo que está muy lejos allí abajo y no lo vislumbramos, solo tenemos su poesía de horizontes apagados y estrellas. Es ahora, el momento de dormir, de entregarnos al sueño.

Soñar que hace diez mil años, un navío aéreo remontó las costas de un continente nunca visto y que un piloto y dos timoneles fueron contratados para un viaje fantástico por un Almirante turco con el fin de trazar las líneas increíbles de un portulano, una gran carta marina. Soñar que se me escapa de las manos la madera mecida por el viento al descender por la cuerda del ancla y luego el frío del agua salada al nadar hacia la orilla.

Soñar, sí, soñar que alguien borra mis recuerdos para comenzar aquí, solo, en este suelo virgen; pero como anuncié: lego mis cicatrices para otro tiempo, para otros navegantes que traten de entender, o traten de buscar. Nacerá mañana una apología para lo fantástico y nuestros mapas serán, tal vez, arcilla de su vaso o antítesis de su forma.



Estimado ismael365: te felicitamos por este relato. El primer párrafo es impecable, y es casi imposible no continuar la lectura. Tal vez las descripciones son un poquito largas, y hay algunas oraciones que piden una coma aquí y allá, pero tenés unas imágenes muy logradas, y en conjunto el relato es de una gran belleza. Abrazos.



Este artículo proviene de ARTNOVELA Portal de Cultura
https://www.artnovela.com.ar/

La dirección de esta noticia es:
https://www.artnovela.com.ar//modules.php?name=News&file=article&sid=737