Desde el Oeste
Fecha Saturday, 22 February a las 06:35:34
Tema Cuentos, Relatos, Literatura




Una fría gota de sudor rodó desde la frente hasta mi boca y al fin desperté. Me senté en la cama aturdido mientras que el corazón rebotaba duramente contra mi pecho. Encendí un cigarrillo para tranquilizarme pero el terror, por ese sueño que ni siquiera recordaba, ya se había incrustado en mi mente.



Una tenue luz iluminaba la habitación, y el humo, que lentamente se desprendía por mi boca, me dio la sensación de todavía estar en sueños, fue entonces que entré en cuenta de que no sabía si era de día o de noche. Cerré los ojos y pensé que era de noche aunque algo me decía que no era así. La oscuridad en mis pupilas me hizo recordar el sueño, entonces volví a ver lo que tanto me había abrumado. Era negro. Todo negro. Nada se distinguía hasta que de repente se hicieron visibles dos lunas llenas, bien redondas y brillantes, y en medio de estas una pequeña estrella titilante cuyo brillo parecía pedir permiso. En un santiamén las lunas comenzaron a moverse, a girar sobre si mismas, hasta que en un brusco movimiento se chocaron sobre la estrella librando un aullido tan estridente que hubiera erizado la piel del mismísimo diablo. El ruido cesó y una tensa calma sobrevino... la estrella había desaparecido y con ella también lo hizo el brillo de las lunas que ahora se habían convertido en medias lunas.

Pegué un salto de la cama. El cigarrillo me había quemado los dedos y traído de vuelta a la realidad. Remojé mi mano y luego de un rato me dedique a limpiar las cenizas que habían caído en el piso. Corrí la cortina y abrí la persiana del departamento que mira hacia el este. Un furioso sol de frente me indicó que estaba en cercanías del mediodía. Respiré profundamente para recordar ese aire campestre que años atrás conformaba mi rutina, pero solo pude recordar que me encontraba en la ciudad y que no había aire sino humo.

Algunos chicos jugaban a la pelota en la calle y decidí verlos por un rato. El hecho de ver personas y no pensar en nada me relajaba, pero de repente la pelota se elevó muy alto por los aires y el sueño comenzó nuevamente a abrumarme. Ya tenía tantos problemas... que mi novia... que el médico... la plata... el pecado... No necesitaba uno mas así que decidí guardarlo en el recuerdo y en secreto, así como tantas cosas que se matan. No era necesario darle un significado que me mortifique.

Volví a ver a los chicos pero ya no encontraba paz en esto. No quería pensar así que salí a caminar por ahí. Con la vista perdida caminé tranquilamente por la vereda escuchando el canto repetitivo de las aves.

Seguí así cerca de tres cuadras hasta que decidí sacar un cigarrillo. En ese preciso momento fue que bajé la mirada y no la pude encontrar...

Busqué y busque pero no hallé nada. El sol estaba en el este y mi sombra no se reflejaba en el oeste... ni el oeste ni en ninguna dirección. Simplemente no estaba, pero solamente la mia... Mire hacia todos lados y no pude comprender. Mire al cielo y ahí logré intuir. Una casi imperceptible estrella, rezagada de la noche, le hacía frente al sol. Recordé el sueño y termine de comprender.
Yo la había mandado al oeste, donde mueren las estrellas, y ahora desde el oeste me mandaba mi castigo... su luz contrarrestaría siempre a la del sol, y yo nunca mas tendría una sombra que me acompañe.

HAMPON






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