La pizza
Fecha Tuesday, 07 January a las 01:11:36
Tema Cuentos, Relatos, Literatura




Las cinco de la tarde. Nícola se levanta del sofá tirando, sin querer, un vaso de plástico que había dejado sobre uno de los apoyabrazos, cuando oye el timbre de la puerta.



Piensa que tras la comida ha debido quedarse dormida con el documental de tigres que daban por la tele; y quién podrá ser.

Tras la mirilla un jóven rubio con el flequillo hasta las cejas y una sonrisa de oro mirando extrañamente a la puerta - o la mirilla -, con un uniforme de telepizza esperando a que ella abra.

¿Quién demonios habrá pedido una pizza a esta hora?, piensa él. Miguel comienza su turno a las cuatro y media y ha sido su primer encargo.

¿Será guapa la chica o un tripudo con aspecto de ogro que echará una peste que tirará atrás?

La puerta cede...

-"Hola".

-"Hola".

-"Yo no he pedido ninguna pizza".

-"Vaya, pues que bien. Es el cuarto segunda del doce de la calle Prim, ¿no?.

-"Sí pero yo no la he pedido".

-"Vale".

-"Vale".

Se cierra la puerta.

Pues sí que era guapa la chica...

Pues que pena haber comido ya, porque el chico estaba como para darle una buena propina.

Nícola se queda con la cara de sorpresa del repartidor en su cabeza durante unos instantes hasta que vuelve a sentir el timbre. No se ha movido, desde que cerró, apoyada contra la puerta.

Se abre la puerta.

-"Me preguntaba si te apetecía la pizza".

-"Pues la verdad es que no. ¿Por...?".

-"Voy a dejar este empleo hoy y supongo que no viene de aquí".

-"¿El qué?".

-"Pues el dejártela gratis".

Sus ojos eran diáfanos y no mostraban malicia alguna. La oferta era sincera aunque la excusa le parecía harto rocambolesca. No obstante podía hacer tenso un momento placentero como era aquel si tardaba en contestarle.

-"Si la compartimos, podría aceptarla; es mucha para mí sola".

El jóven sonrió, ampliando una luz de calor en el corazón de Nícola que comenzó a  bombear, al desbordarse las expectativas.  

Expectativas de ambos como era obvio para Nícola. Miguel no podía creer que aquella chica de unos treinta se lo mirara de arriba a abajo con tanto descaro. ¿Sería la nueva fragancia que anuncian en la tele de desodorante que las embruja y acababa de ponerse una hora antes? Sonrío nuevamente ante la posibilidad remota pero simpática.

Nícola no sabía por qué volvía a sonreir el jóven y se adelantó a descubrirlo.

-"Pareces contento para dejar hoy tu empleo. ¿Cómo fue que lo dejas hoy?".

-"Pues ha sido al verte. Sinceramente". Y sonríe aún más.

Nícola también sonríe al darse cuenta que, aparte de guapo, era un cúmulo de sorpresas. Miguel se quita la chaqueta roja y deja unos brazos delgados pero fibrados que marcan unos biceps contra la camiseta. ¿Seguro que querrá la pizza o es que he ligado? Ella le está mirando a los ojos con un enorme plato de cocina en la mano.

-"¿Cómo te llamas?", dividiendo la pizza en cuatro grandes porciones.

-"Miguel". El no pregunta. Se dedica a mirar sus delicados movimientos al separar los trozos. Esmerados y sutiles gestos que hacen sopesar la posibilidad de que ambos acaben abrazados sobre el sofá comiéndose a besos, mordiéndose los labios y lamiéndose las heridas del amor. Un amor improvisado y sensual. Lascivo y vicioso. La imaginación de Miguel se mezcla con la de Nícola. Ella piensa en su temprano cabello rubio recorriéndolo con su lengua desde el ombligo hasta el sexo. Deleitándose al ver el placer reflejado en su cara.

-"¿Cómo es eso de que lo has dejado por mí?". Se sienta en el sofá y deposita el plato sobre la mesa camilla. Antes de llevarse la pizza a la boca, pasa ligeramente la lengua sobre el labio superior.

-" Pues te he visto y me has dicho que tú no habías pedido nada. He pensado qué mierda, con perdón, y lo he decidido". Despreocupado se despeina y coge un trozo de pizza con seguridad imprevista por Nícola.

-"He pensado que tenía que cambiar de curro y hoy me ha parecido un buen día...al verte a tí. He pensado que quedarte en paro con tu cara", (hace un inciso que aprovecha para hacer el primer mordisco. Come) "querdarme en paro con tu cara era mejor que seguir haciéndolo con otras".

Nícola entiende lo que dice. Por entender, entiende lo que quiere decir y no dice. Es obvio. Por eso le pone una mano sobre la pierna antes de dar un segundo bocado.  Miguel esta comiéndosela con la mirada mientras mastica la pizza. No mira la televisión ni un instante; es la pizza o es ella. Su gesto no le causa sorpresa. Parece que lo estuviera esperando.

-"Yo hubiera hecho lo mismo, Miguel". Deja el trozo mordido en el plato sin dejar de atravesarse ambos con las miradas fijas. El tira su trozo también. Nícola aprieta su mano y la desliza hacia arriba. Es ahora él quien se pasa la lengua por el labio y ella sabe que pronto estará saboreándola a placer. Cuando sus labios se abren, Nícola siente el aroma del café. Es un aroma extraño pues no ha hecho café para comer. Y un sonido agudo comienza a oírse en la cocina, apurando la imágen de Miguel a una sombra, un recuerdo, un sueño de mediodía.

-"¡Nícola, Nícola. Despierta. El café esta listo!".

Nícola despierta húmeda y disgustada a partes iguales. Juan es su marido. El mismo hombre del que lleva cinco años aburrida y le hace el café los domingos después de comer.

-"Te has quedado dormida viendo el documental".

-"Podrías haberme dejado dormida. Un café puedo tomarlo todos los días".

-"¿Y una pizza?".

-"¿El qué?".

-"Has dicho pizza mientras dormías, hará unos cinco minutos".

-"¿Pizza?".

-"Si. Pizza"...







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