MENSAJE EN UNA BOTELLA
Fecha Wednesday, 30 January a las 14:40:18
Tema Cuentos, Relatos, Literatura


Javi estaba muy nervioso desde que encontró un mensaje en una botella. Desde entonces su interior se había agitado de tal manera que era incapaz de consolar el sueño, y durante la vigilia tampoco es que lo pasara muy bien.

Lo cierto es que a Javi hacía mucho tiempo que no lo pasaba nada bien y no se daba acostumbrado: Había perdido el trabajo hacía un par de años y más tarde su mujer y sus dos hijos lo habían abandonado. Tenía deudas que no podía pagar, dudas que no podía aclarar y vivía de la caridad de sus padres y hermanos. Sin embargo ahora estaba convencido de que su suerte cambiaría gracias al mensaje de la botella.

Llevaba ya más de un año soñando con ese mensaje. “Encontraba en la estantería de un supermercado una botella con un sobre en su interior y situado en la base. La compraba, y ya en casa, la vaciaba, la rompía y despegaba de la base de la botella una bolsita de plástico impermeable que contenía un sobre doblado y del que extraía un folio mecanografiado y plegado en tres partes. Al leerlo, una luz pura y blanca le embriagaba, le llenaba de felicidad y sentía como la vida le cambiaba para siempre.” Después se despertaba y nunca se podía acordar del mensaje. Este sueño se repetía todos los días y estaba convencido de que era una premonición, por lo que lo llevaba buscando el mensaje más de un año, también a diario, y al fin había dado con él en un supermercado.

Sintió otro escalofrío al pensarlo. Llevaba dos días así, vagando por las calles desiertas con olor a verano, y por los bares con tufo a cerveza fermentada y vino rancio. Sin rumbo, confundido, pensando en el mensaje, porque todavía no se había atrevido a leerlo, porque ahora le tenía miedo. Miedo a que le defraudase como siempre le había sucedido con todo y con todos. Y lo que más le molestaba eran esos temblores.

Era consciente de que no podía dilatar más aquella situación. Hoy estaba dispuesto a abril el sobre y leer el contenido del mensaje. Tenía la completa certeza de que el mensaje estaba destinado a él, así lo había soñado, y su contenido le cambiaría la vida a mejor; Además a peor sería imposible. Así que decidió volver a casa, abrir el sobre y leer el mensaje.

La botella copaba el centro de la mesa de la pequeña cocina. Convertía en invisible todo el desorden y la basura que la rodeaba. Agarró un cenicero, se quitó la camiseta empapada, la arrojó al suelo, se descalzó las tenis y se acomodó en una silla.

Una hora más tarde, Javi continuaba fumando y vigilando aquella botella de Whisky, que de allí no se había movido ni un centímetro, con el sobre depositado en su fondo. Entraba otra noche de agosto de esas en las que el calor se derrama por todos los rincones. Sentado en la cocina, el sudor se esparcía por su torso magro y desnudo, por sus flacos brazos y su cabeza pelada. Su corazón latía con gran fuerza y le removía todo su cuerpo, que ahora era un continuo temblor y que le decía: “¡Lee de una maldita vez el mensaje. Léelo! Contenga lo que contenga ya nada más te puede ir a peor.” La imagen de una vida mejor donde estaban ella y sus hijos se materializó de nuevo por un instante ante sus ojos, su cobardía se esfumó y fue a por el mensaje.


Cuatro horas tardó en derramar los tres cuartos de Whisky de la botella en sus entrañas. Los temblores ya habían cesado y su cabeza era una sinfonía desafinada. Después, con su mirada de whisky, difusa y desvariada, miró la botella vacía y la levantó por encima de su cabeza. La observó a través del humo y a contraluz de la pelada bombilla que colgaba abandonada del techo. Su vista a veces se iba o se desdoblaba, pero conservaba la suficiente para darse cuenta de que en el fondo de aquella botella no había ningún sobre ni ningún mensaje. No entendía cómo se pudo haber confundido.

Pero no se enfadó, ni gruño, ni pegó un golpe en la mesa, ni lanzó la botella contra la pared para que se hiciese añicos. Ya estaba demasiado ido y cansado para todo eso. Los pensamientos se le embarullaban pero se encontraba calmado. Derramó una lágrima que se fundió con el sudor que le resbalaba por el cuerpo. Apagó el cigarrillo, removió el vaso con hielo y apuró su contenido de un trago. Se levanto torpemente, agarró la botella y avanzó dando tumbos hasta un montón de otras muchas botellas apiladas contra un rincón y la depositó allí. Se retiró a dormir consciente de como de terrible sería su despertar.

Pero sabía perfectamente que cuando se recuperase iría a buscar otra botella.
“Sí”. Encontraría ese mensaje que está en el fondo de alguna botella.

manoourense@gmail.com






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