El sueño.
Fecha Saturday, 06 December a las 22:49:42
Tema Cuentos, Relatos, Literatura




Desde hace seis meses soy vendedor en una zapatería que está ubicada en el interior de una galería comercial; en este tiempo he alternado con la mayoría de los empleados que trabajan en ésta arteria y, con la persona que realmente congenio, es con la vecina de enfrente, Goyita, donde venden ropa interior para damas.

Cuando entra una clienta a su local, ella y yo, nos hacemos una infinidad de gestos a través de las vitrinas: nos reímos de las señoras gordas , las de poca estatura o de mucha edad; no faltan las veces que bromeamos con el tamaño de las presas de la compradoras que, con prendas tan pequeñas quieren ocultar; si algún paseante nos llegara a sorprender, pensaría que estamos ensayando una función de mimos; con los dedos nos indicamos las tallas de las compradoras, de las cuales ya soy un experto; desde luego, que todas estas “gracias”, las realizamos cuando las clientas están en el interior del probador y sin posibilidades de pillarnos; y así, con esta poco santa entretención, se nos pasa más rápido el día y soportamos con humor en esclavizante trabajo.

El martes recién pasado, a eso de las cinco de la tarde, llegó al negocio de Goyita una mujer realmente bella: su cara y su pelo, su cuerpo y sus piernas, su caminar y su..., su todo, me hizo subir por el pecho tantas cosas, que no me dieron las más mínimas ganas de bromear, y menos a costa de esa preciosura; lo único que hice fue, pararme el la puerta de la zapatería y, admirar a esa bella mujer en cada uno de sus movimientos; esa belleza inalcanzable llevó varias prendas al probador, después de elegir algunas “cosillas”, pagó su compra y salió; mis ojos la acompañaron hasta que abandonó la galería perdiéndose en el gentío. Me quedé absorto en las imágenes que me entregó esa mujer tan bella, y para que negarlo, también me hice un sin fin de ilusiones; estaba en plenos vuelos románticos, cuando me trajo a la tierra la voz de Goyita, quien apareció a mi lado riéndose a carcajadas y ridiculizando mi ensoñadora actitud, ante el fugaz paso de una célebre desconocida; terminé riendo de buena gana con mi amiga y me olvidé por completo de la casual y despampanante compradora. En el transcurso de la conversación con mi vecina, derivamos en otros temas, terminando en una invitación de Goyita, a tomar café en su negocio; mientras ella preparaba las tazas en el pequeño cuartito trasero, me quedé mirando la puerta de mi negocio cuando... me recordé de las prendas que se probó y devolvió la exuberante mujer, que hacía algunos minutos me quitó la respiración; miré el mostrador y ahí estaban, me acerqué a paso lento, las miré detenidamente, las acaricié y, sin darme cuenta, introduje una de ellas en un bolsillo interior de mi vestón; al llegar la anfitriona con la bandeja , entre sorbitos de cafecito y chanzas recordamos que se avecinaban las fiestas navideñas, con su abrumador trabajo y unas largas jornadas; apareció un posible comprador en la zapatería y, agradeciendo la atención de Goyita atravesé a cumplir con mis obligaciones, ya con cara y postura de vendedor simpático.

Llegando a la pensión, esa noche, subí a lavarme las manos y a pasarme la peineta por el pelo; al entrar en mi habitación y sacar los cigarrillos, me encontré con la prenda robada, en mi confusión y como si alguien me estuviera espiando, la escondí bajo la almohada, tranquilo después de ocultarla, o más bien dicho, casi tranquilo bajé al comedor.

Luego de la cena y de estar devuelta en mi pieza, me dispuse a descansar hasta el otro día; al acomodarme en la cama introduje una de mis manos bajo la almohada –como es mi costumbre hacerlo antes de dormir-, mas, ahora me encontré con la prenda femenina, el contacto con esa prenda íntima, muy íntima, hicieron volver a mi cerebro las imágenes de esa preciosa mujer ¡bendita prenda!; ese suave perfume de hembra bella me hizo pensar en tantas cosas..., que resolví confinarla a su escondrijo y fuera del alcance de mis manos.

Empezaba a quedarme dormido, cuando a mi pieza entró la bella mujer de la tarde anterior y, después de sacarse el abrigo, fue a mi cama y me besó en la boca por una eternidad; sin más se desvistió acostándose a mi lado y, ... Disfruté por largo, largo rato ese precioso sueño, al punto que, si me tocara diferenciar entre ‘ese sueño`, y un hecho real, no me atrevería a decir cuál es cuál.

Nuevamente en mi trabajo, reviví dos veces el sueño y en cada una de ellas fui recordando más detalles; nunca había tenido, ni tendré una experiencia como esa. Esa misma tarde cerca de las cinco, vi detenerse a una señora en la puerta de la zapatería, me puse de pie para atenderla, ella empujó la batiente, entró y vi que era ella, la bella, la sublime, la mujer de la prenda, la que en mi sueño entró en mi pieza, la que me besó y...; en actitud resuelta, como buena mujer de mundo que era, se paró frente a mí, y con la misma voz sexy de anoche, comenzó a decirme:

-Buenos días mi amor; yo dichosa y tú, ¿cómo amaneciste? Estoy feliz de haber despertado en tus brazos, te ruego que sueñes todas las noches con esta cautiva y sufriente mujer enamorada; en recuerdo a lo nuestro, llevo puesto el regalo que me tenías. Te entregué todo lo que podía darte; mis ataduras anteriores no me permiten verte más. Esas ilusiones locas que experimentaste mientras me observabas comprar en la tienda del frente, fueron tan profundas y bellas que las recibí en el alma y, por eso fui anoche hasta tu casa

Unió sus labios a los míos y sus manos recorrieron mi rostro. Dio media vuelta, tiró de la manilla y salió; desde el otro lado del cristal sonrió dulcemente y entrecerró sus ojos como despedida.






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